En la FloristerÃa
- Camila Hamel
- Mar 25, 2025
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Es lo que me dijiste: que tendrÃa mi oportunidad más prometedora en la floristerÃa, esa de Quintana, él de la barba, que me pusiera a contar las rosas y margaritas para la señora Quintana. Vivo enfrente, en la primera planta, piso exterior. La floristerÃa no es nada impresionante, más bien normal, pero Quintana la lleva con su mujer, nombre de pila: Daisy. Y bueno, ninguno de los dos me caÃan mal. Al uno, le compré un cactus en el ‘92, y me saludó todos los dÃas después, cuando pasaba por delante de su local, aunque nunca jamás le compré algo. La otra, cada vez que la veÃa en la calle, me invitaba a comer empanada, bien rica, como se hace en Galicia.Â
Pero me engañaste.
Para la señora Quintana, conté las rosas y las margaritas, las pesetas, y los peniques. Más tarde, ordené los billetes de euros. Regué, corté, até los claveles, las espadas de San Jorge y los ficus lyrata. Limpié los cristales y barrà el suelo. Nunca les robé nada.
Durante años pues.
Pero casi no me conocen. No me quieren conocer. Porque no soy Quintana. Porque ni siquiera soy de esta ciudad. Me engañaste porque yo te conté como amigo; y luego me di cuenta de que el favor lo hiciste para ellos, no para mÃ.